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miércoles, 16 de junio de 2010

Pan y circo

A veces me desoriento. Llevo mucho tiempo, en mis conferencias, hablando del cambio, de la necesidad del cambio y la humanidad intrinseca del mismo, y sin embargo, a veces, me doy cuenta que hay cosas que apenas cambian.

Si en siglo I los ciudadanos romanos se olvidaban de los asuntos políticos acudiendo a los juegos de circo y recibiendo el trigo que le regalaban los emperadores, hoy los ciudadanos españoles (y de medio mundo) nos olvidamos de todo con tal de ver un partido de fútbol. La historia se repite, el mundial de hoy es el pan y circo de ayer.

Hoy se ha acabado la crisis, hoy a nadie le importa que se haya abaratado el despido, que los sindicatos hayan convocado una huelga general, que se rumoree que en Europa van a tener que rescatarnos, ..., hoy España ha jugado su primer partido y eso es lo único que, de verdad, importa. Hoy no vale la pena preocuparse de otras tonterías. En días como hoy pienso que tenemos lo que nos merecemos. Pan y circo.

Hoy he estado en Expomanagement (nivel bajito el del primer día), donde se supone que acuden los gurús del liderazgo del panorama nacional (y algún internacional) a compartir lo último en gestión con los directivos y líderes del momento, y cuál ha sido mi asombro al ver que en uno de los salones, la conferencia de las cuatro de la tarde era “retransmisión del partido España – Suiza”. Éxito de público y lleno total. Pan y circo.

En otro salón, el ponente, un conocido formador, muy unido al mundo del fútbol, se ha sentido indispuesto y ha cancelado su conferencia. ¿Casualidad? En todo caso no ha importado mucho, siempre quedaba el partido. Pan y circo.

Al llegar a casa me encuentro con un mail del decano de mi facultad convocando a todo el personal universitario a ver el partido (en horario laboral) en el aula magna. ¡Toma Bolonia! Universidad, cuna de la ciencia, templo de la sabiduría, vivero y refugio de grandes investigadores, ¿qué ha sido de ti…? Pan y circo.

El otro día me contaba un amigo como, en su empresa, habían decidido adelantar la jornada intensiva para que los empleados pudiesen ver el mundial. Como me decía mi hermana, "es lógico, si total lo van a ver de todas maneras…" ¡Toma crisis! ¡Toma índices de productividad! ¡Toma pan y circo!

A los políticos les ha venido Dios a ver con el mundial, qué más da la reforma laboral, la huelga general, o la crisis mundial, a la gente lo que le importa es el fútbol. Démosles fútbol, démosles pan y circo, que es lo que se merecen, lo que nos merecemos.

martes, 9 de febrero de 2010

Nos vemos en los bares

Una vez al año me gusta utilizar este espacio para dirigirme a mis alumnos, o ya ex alumnos de la universidad, así que pido perdón a mis lectores habituales y me tomo esta pequeña libertad.

Hoy ya es oficial, las notas están puestas y revisadas, y puedo decir que ya no soy vuestro profe, os diría que ahora somos colegas profesionales, pero esa expresión me resulta de lo más estúpida, así que os dejo poner el nombre a vosotros.

Pero aún sin ser profesor, y como ya sabéis, me gusta meteros el rollo, y daros la brasa con los consejos del “abuelo cebolleta”, aunque hoy os prometo que es la última vez que lo hago, al menos de un modo tan formal.

Lo primero que quiero es daros las gracias. Siempre que comienzo un curso nuevo confieso que me ataca cierta pereza, otra vez conocer caras nuevas, otra vez aprenderme nombres (que al final solo me aprendo cinco), otra vez lidiar con los cambios de grupo, los grupos de prácticas, las grapas y los clips… Y este año no fue una excepción, además, porque el curso pasado no acabó muy bien para mí en lo personal, y volver a empezar siempre genera ese miedo y esa pereza tan humanas. Pero un año más, este año tampoco es una excepción, me ha dado pena acabar as las clases. Os lo dije en clase y os lo vuelvo a decir ahora, me lo he pasado bien, he disfrutado y me he sentido a gusto. Y hasta ahí el merito es vuestro. Por mucho que a uno le guste el cine si la película es un coñazo no hay nada que hacer, pues por mucho que a uno le guste dar clase si los alumnos son un coñazo no hay nada que hacer, así que gracias. Tampoco os diré que ha sido perfecto, podíamos haber participado más, me deberíais haber llevado más la contraria, podríais haberme cuestionado más, y me habéis dejado tirado con el blog que tanta ilusión me hacía. Pero quitando esos detalles, creo que lo hemos pasado bien en clase, nos hemos reído y hemos aprovechado para poner a parir al sistema empresarial. Al menos yo lo he pasado todo lo bien que podía teniéndoos que contar el libro que os tenía que contar….insisto, el merito es vuestro.

También aprovecho a pediros perdón, supongo que hay cosas que como profesional puedo hacer mejor, pincharos más, cuestionaros más, hacer más prácticas, tener las notas antes, y un montón de cosas de las que, igual, ni siquiera soy consciente. Espero que no hayan sido muchos los fallos, y que los que hayan sido los tratéis con benevolencia.

Y por último lo de siempre chicos, que el mundo es vuestro. Acabáis la licenciatura en un momento jodido, muy jodido, no nos engañemos, pero os digo una cosa, no esperéis que nadie lo cambie por vosotros, si vosotros no sois artífices del cambio lo lleváis claro. Me encanta vuestro carácter reivindicativo, vuestra eterna protesta, pero echo de menos una cosa, la acción. Las oportunidades no pasan por delante, las oportunidades las crea uno mismo, y en estos tiempos, más que nunca tenéis que crearos oportunidades. No os enfadéis con esto, pero a muchos ya os han dado muchas cosas, quizá demasiadas, es el momento de que ahora las construyáis vosotros. (Entre otras cosas porque si no lo hacéis a ver quien coño me va a pagar a mi la pensión).

Estamos en crisis, eso he oído, pero el mundo no se acaba y podéis llegar allá donde queráis. Y en todo caso pensad que por muy mal que vaya todo siempre habrá un bar abierto y un ex profesor dispuesto a meteros el rollo a cambio de que os paguéis una cerveza o quizá dos. Muchas gracias.

lunes, 14 de diciembre de 2009

Día 14: El empujón

Hoy he estado en el foro Talentum, en la Universidad Europea de Madrid, hablando, a alumnos y profesionales de Recursos Humanos, de la necesidad de cuidar/motivar a la gente que está sufriendo la crisis en las empresas, y cuyos ánimos parece ser que están por los suelos. La charla la he comenzado diciendo, que aquellos que (aún) no han sido despedidos están viviendo situaciones de estrés, aburrimiento, mal humor, incertidumbre, etc. que hace que el ambiente en algunas empresas sea irrespirable.

Pues bien, acabo de leer los resultados de la encuesta que hace Adecco todos los años, por estas fechas, preguntado a los empleados que pedirían a su empresa por navidad, y resulta que casi la mitad pediría un cambio de trabajo (La encuesta no especifica si un cambio de puesto o un cambio de empresa). Es decir, que como yo contaba esta mañana, la gente está harta, por aburrimiento, desánimo, frustración o lo que sea, pero no están a gusto en sus trabajos.

Hoy he contado en el foro que nos debe de preocupar tanto la crisis económica como las otras crisis, la de valores, la de identidad y la de confianza, y que desde RRHH deberíamos de prestar más atención a estas últimas.

La de valores es, como ya escribí aquí, la que ha hecho que estemos como estamos, y la de identidad y confianza son la que van haciendo que cada día estemos más a disgusto en el trabajo, más a disgusto con la empresa, y avancemos de la desmotivación a la frustración.

Sin embargo, volviendo a la encuesta me encuentro que la mayoría de los encuestados prefieren quedarse en su trabajo, en las condiciones que sea, antes que aceptar una buena indemnización y marcharse para casa. El 70,5% no se apuntaría a una baja voluntaria incentivada para abandonar su empleo, y el 60% pediría un traslado antes de perder el empleo. Es decir, la mayoría quiere cambiar de trabajo, pero a la mayoría le da pánico que la empresa tome una fatal decisión, tal y como están las cosas.

En estos días he hablado con dos personas de sectores muy distintos que se han visto, una con un pie en la calle (aun está por decidir), y la otra con los dos. Y ambas reconocían que, salvando la incertidumbre y el mal rato, es el empujón que necesitaban para dar un nuevo empujón a su carrera, para ver la vida de otra manera, y para reformularse las cosas. También he hablado en mi ponencia de hoy de la aversión al cambio, y es que, a veces, necesitamos un empujón para enfrentarnos con valentía a esos cambios, que no solo son buenos, sino que son necesarios.

No digo que el despido sea positivo, pero sí que digo que en algunos casos necesitamos empujones para aprovechar oportunidades, y que sería más divertido si fuésemos nosotros los que saltásemos sin necesidad de que nos empujen. Y al final, el que vale, vale.

viernes, 11 de diciembre de 2009

Día 11: Un mal endémico

Hoy recojo una noticia que leí ayer en varios medios: "El paro universitarios español dobla la media de la UE", es decir mientras que en la UE están parados el 6% de los jóvenes entre 25 y 34 años con un título universitario, en España están parados el 12%. Por supuesto es la tasa más alta de la unión europea. Que español ha sido siempre eso de querer quedar los primeros en algo.

La verdad es que estos universitarios no sé en qué piensan, debería darles vergüenza ser los más pararos de Europa, con lo bien que les preparamos en la universidad, y lo bueno que es el sistema educativo español, ¿no?

Lo que me da rabia es que estas noticias cobren tan poca relevancia, y ocupen pequeños titulares que no ocupan las portadas de los diarios online más que unos minutos, cuando en el fondo, estamos hablando del futuro de un país.

Cuanto más conozco a los hombres, mas amo a mi perro (como decía Lord Byron) o cuanto más conozco la universidad más me apetece morder la mano que me da de comer, (poco, pero algo me da de comer) y más me apetece escribir sobre las carencias del sistema.

Día a día sigo comprobando la burocracia y lentitud de una organización que, en teoría, debería de estar en la vanguardia del conocimiento y la innovación. Una organización lenta, cerrada al mundo exterior, poco flexible y con poca operatividad. Una organización ombliguista, tremendamente endogámica, y políticamente organizada, en la que la calidad docente no importa y en la que el cliente nunca tiene la razón.

El otro día se reunieron los rectores madrileños, (una noticia que tuvo mayor repercusión mediática) para pedir más dinero, y para quejarse de que los recortes presupuestarios no les permitirán adaptarse a Bolonia. Posiblemente tengan razón, pero me gustaría que algún día se reunan también para evaluar su sistema educativo y organizacional, para mirarse menos el ombligo y pensar cómo mejorar la calidad docente y formativa de sus centros. Me gustaría que valorasen que el dinero no arreglará un sistema caduco, y que estudiasen que hacer con esos cientos de profesores y catedráticos que olvidaron hace tiempo que la universidad está para formar mejores profesionales.

No digo que la culpa de que nuestros universitarios no encuentren trabajo la tenga sólo el sistema universitario, la situación económica del país es lamentable y también es un elemento importante. Pero si que digo que el sistema es malo, muy malo, y que no se si Bolonia servirá para algo, mientras la universidad no cambie por dentro.